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La comida que se bota también es plata: el costo invisible del desperdicio en los hogares chilenos

El IPC de septiembre volvió a mostrar un aumento en el precio de los alimentos, que acumulan varios meses de alzas. En un escenario donde el presupuesto familiar está cada vez más exigido, Cheaf advierte que desperdiciar comida también significa perder dinero y llama a incorporar el aprovechamiento de los alimentos como una estrategia de ahorro cotidiano.

Jueves, 8 octubre 2026.-       17:05 pm.-

El costo de alimentarse continúa presionando el bolsillo de los chilenos. Según las cifras del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de septiembre, publicadas este jueves, los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron un alza mensual de 0,6%, por encima del incremento general de 0,4%. Entre los productos que más subieron destacan las lechugas (10,5%) y las papas (8,6%), dos alimentos habituales en la mesa de las familias chilenas.

El resultado se suma a los aumentos de 0,7% y 1,4% registrados por los alimentos en julio y agosto, respectivamente, consolidando un escenario en que llenar el refrigerador exige cada vez más recursos. Sin embargo, mientras buena parte de las familias busca nuevas fórmulas para enfrentar el encarecimiento de la vida, existe un gasto que suele pasar inadvertido: el dinero que termina en la basura junto con los alimentos que no alcanzamos a consumir.

Esta contradicción queda en evidencia en las encuestas realizadas por Cheaf, aplicación dedicada al rescate de alimentos. Según su estudio nacional de julio de 2026, que consultó a 2.007 personas, el 92,3% manifestó preocupación por el costo de los alimentos y un 88% reconoció haber reforzado sus estrategias para enfrentar el aumento de los precios. Sin embargo, otra investigación regional de la compañía, realizada entre consumidores de Chile, Argentina, Colombia y México, reveló que el 49,9% de los encuestados chilenos reconoce desechar alimentos al menos una vez por semana.

El ahorro que termina en la basura

Para Cheaf, estas cifras revelan una oportunidad que muchas veces queda fuera de las conversaciones sobre el costo de la vida. Si bien el aumento de precios responde a factores que escapan al control de los consumidores, aprovechar mejor los alimentos que ya fueron comprados es una decisión que puede contribuir directamente al presupuesto familiar.

“Cuando hablamos del precio de los alimentos, generalmente pensamos en cuánto nos cuesta llenar el carro del supermercado, pero pocas veces nos detenemos a calcular cuánto de esa compra termina en la basura. Cada fruta que dejamos echarse a perder, cada verdura que olvidamos en el refrigerador o cada porción que preparamos de más representa dinero que ya gastamos y que no aprovechamos. En un contexto donde las familias están haciendo grandes esfuerzos por ahorrar, reducir el desperdicio también es una forma de cuidar el bolsillo”, explica Natalia Paredes, gerente general de Cheaf Chile.

El problema no se limita a los alimentos que se desechan una vez preparados. Las compras excesivas, la falta de planificación, el almacenamiento inadecuado y la confusión entre las fechas de vencimiento y consumo preferente también pueden contribuir a que productos perfectamente aprovechables terminen siendo descartados.

Frente a este escenario, la compañía plantea que el ahorro alimentario no debe entenderse únicamente como la búsqueda de productos más baratos, sino también como una mejor administración de los recursos ya disponibles. Planificar las compras, revisar qué alimentos hay en casa antes de ir al supermercado, almacenar correctamente los productos y aprovechar las preparaciones sobrantes son algunas medidas que pueden ayudar a reducir gastos sin necesariamente disminuir la calidad de la alimentación.

A estas prácticas se suma la posibilidad de rescatar alimentos que, pese a encontrarse en buenas condiciones para el consumo, no serán comercializados por los establecimientos debido a excedentes de producción, criterios estéticos o cercanía de sus fechas de vencimiento. A través de su aplicación, Cheaf conecta a comercios que disponen de estos productos con consumidores que pueden adquirirlos a precios reducidos, evitando que terminen desperdiciados.

“El ahorro no siempre está en comprar menos, sino también en aprovechar mejor. Hoy las personas comparan precios, buscan promociones y ajustan sus presupuestos, pero necesitamos incorporar una pregunta adicional a nuestras decisiones de consumo: ¿realmente vamos a utilizar todo lo que estamos comprando? Si logramos que el aprovechamiento de los alimentos forme parte de nuestros hábitos cotidianos, podemos generar un beneficio económico para las familias y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental del desperdicio”, agrega Paredes.

Desde Cheaf enfatizan que combatir el desperdicio no resuelve por sí solo el problema del encarecimiento de los alimentos, pero sí constituye una herramienta concreta y accesible para reducir gastos evitables. En un país donde el precio de la comida continúa aumentando y las familias deben administrar presupuestos cada vez más ajustados, la invitación es a mirar el ahorro también desde aquello que ya tenemos en casa.

Porque cuando la comida termina en la basura, no solo se desperdician alimentos: también se pierde el dinero que costó llevarlos a la mesa.

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