Region Antofagasta

Columna de Opinión: Ser, estar y hacer en el mundo

Viernes, 25 septiembre 2026.-     12:57 pm

Por: Carlos Cantero Ojeda, Doctor en Sociología y Geógrafo

La vida transcurre entre luces y sombras, entre el bien y el mal, entre certezas que guían y adversidades que enseñan. Habrá quienes tiendan su mano para sostenernos, y otros que intenten pasarnos por encima; unos nos mirarán como iguales, y otros se mostrarán embriagados de superioridad. Ante esto, la serenidad, la humildad y la gratitud infinita son nuestra mejor brújula: incluso la hostilidad, cuando no nos destruye, nos fortalece. En este viaje breve, frágil y vertiginoso, lo esencial de nuestro ser se nutre de cada aprendizaje y de cada relación significativa, y transforma cada final en una nueva oportunidad. Por cada puerta que se cierra se abren muchas otras: esa opción no depende de las circunstancias, sino de nosotros mismos, es interna.

Pienso que el sentido de existir va más allá de sobrevivir: consiste en ponerse al servicio de la vida, del amor, la gratitud y la compasión. No solo las personas, los animales y las plantas tienen vida propia: también la tierra, el mar, las montañas y el agua la tienen, y por eso merecen nuestra veneración.

Nada avanza en línea recta hacia un final: todo se mueve en espiral, como los ciclos de la naturaleza, donde la vida y la muerte se repiten sin cesar. Por eso la muerte no es una desaparición, sino un paso: nada termina del todo, todo se transforma y regresa al origen.

Esta manera de entender la vida se inspira en el pueblo andino y en su principio del Ayni: la reciprocidad, la certeza de que toda acción tiene su respuesta y de que lo que se da vuelve de alguna forma. De ahí nace también el Buen Vivir: cuidar la armonía con los demás y con todo lo que nos rodea. Cuyo simil en el pensamiento en Oriente es el Karma y Dharma: toda causalidad genera consecuencias aquí, en esta vida.

El ser humano no es algo fijo ni aislado: somos en relación con otros, y esa relación nos define tanto como lo que pensamos o decidimos. Las circunstancias cambian todo el tiempo, pero lo esencial de cada persona permanece. Frente a la adversidad, ninguna dificultad es solo pérdida: al cerrarse un camino, siempre se abren muchos otros.

A lo largo de mi propio camino he aprendido que ser fiel a los propios principios tiene un costo: asumir con dignidad las dificultades, las incomprensiones y, a veces, la persecución. Pero ese compromiso con lo que uno es impide someterse a la conveniencia del momento o a la obediencia sin pensamiento propio. La libertad de pensar y de decidir por uno mismo no tiene precio, es la dignidad de ese ser.

Nada de lo que soy lo construí solo. Soy resultado de una obra colectiva, y le debo gratitud a quienes me sostuvieron en los momentos más difíciles: el uno existe en el todo, y el todo se expresa en cada uno. Por eso la actitud correcta ante la vida combina la serenidad de no exigir nada a los demás con la humildad de saber recibir.

Hoy, en este tramo de mi camino, entiendo con claridad que nadie escapa a la ley de que toda acción tiene su consecuencia, para bien o para mal. Mi única certeza es la coherencia con lo que soy: no doblegar mi esencia por conveniencia, ni subordinar mi pensamiento al juicio ajeno. Acepto el presente con dignidad, templanza, gratitud y compasión: no espero nada de nadie, pero lo recibo todo del flujo de la existencia.

Soy el que soy, en la medida exacta en que estoy siendo y haciendo.

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