CRISIS DE BIENESTAR: HUMANIDADES Y RAZÓN INSTRUMENTAL
“Necesitamos integrar la innovación tecnológica con la innovación social, la ingeniería con las humanidades, cambio de paradigma universitario, especialmente en las ingenierías”.

Jueves, 14 mayo 2026.-
Por Carlos Cantero, Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología
Según recientes informes de la OMS y la UNICEF, al 2026 enfrentamos una crisis de bienestar global, que reconoce la complejidad de la subjetividad en la era digital. La OMS estima que más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental. Los trastornos de ansiedad afectan a aproximadamente 359 millones de personas. En regiones como América Latina, representan hasta el 52.8% de los casos de salud mental atendidos. La ansiedad se asocia a enfermedades cardiovasculares, trastornos gastrointestinales y dermatológicos vinculados directamente a la autoexigencia.
Chile ha sido señalado por la OMS por sus altos índices de sintomatología depresiva y ansiosa: Se estima que el 6,2% de la población general sufre depresión y el 17% de los chilenos ha presentado sintomatología asociada, situando al país entre los más afectados a nivel mundial. Las investigaciones sugieren que los síntomas de ansiedad afectan a un rango de entre el 15% y el 22% de la población, incrementándose significativamente tras la pandemia. El fenómeno de la somatización —cuando el malestar psicológico se manifiesta a través de síntomas físicos sin una causa orgánica clara— es recurrente en la consulta clínica chilena. Las afecciones más reportadas incluyen colon irritable, fibromialgia, cefaleas tensionales y fatiga crónica. Los trastornos mentales y del comportamiento representan aproximadamente el 23% de los años de vida perdidos por discapacidad (AVISA), superando a enfermedades cardiovasculares. Existe una correlación alta entre el estrés psicosocial (exigencias laborales, inseguridad económica) y los cuadros de dolor crónico.
La ONU y la UNESCO han comenzado a analizar cómo las tecnologías, no solo de uso de pantallas, alteran la construcción del yo y transformación que generan en la subjetividad. La fragmentación de la identidad deriva del uso intensivo de redes sociales, generando dependencia, debilitando la autonomía y el desarrollo en adolescentes. La subjetividad está mediada por algoritmos que pre-configuran el deseo y la atención: subjetividades algorítmicas. El 19.3% de las afecciones mentales en jóvenes están vinculadas a adicciones a redes sociales y contenidos digitales. Estos organismos internacionales están cambiando el paradigma, moviendo el enfoque desde la «curación del trastorno» hacia la «transformación del entorno». Esto implica que, para mejorar la salud mental no basta con terapia individual, sino que es urgente reformar los entornos que moldean nuestra subjetividad en la sociedad digital.
Las Humanidades son las disciplinas que estudian la cultura, el pensamiento, la historia, las artes y la creatividad humana. Fomentan el pensamiento crítico, la empatía y la comprensión de diferentes culturas. Ayudan a entender nuestra propia historia y a reflexionar sobre cuestiones éticas, que al final son fundamentales para la sociedad. En ese contexto, las humanidades cuyos beneficios son más profundos y a largo plazo, pueden parecer menos útiles o rentables en lo inmediato. Se habla del debilitamiento de las humanidades, frente a otras disciplinas prácticas, con mayor potencial profesional, especialmente en el ámbito de la tecnología o la ciencia. Pero, hay evidencias del negativo impactode este criterio: la inestabilidad emocional, las enfermedades psicosomáticas, la subjetividad humana alterada, con indicadores preocupantes.
Diversos intelectuales señalan que, el inmediatismo, la superficialidad y el pragmatismo son relevantes en este problema, la falta de un enfoque humanístico en la educación y en la sociedad contribuyen a la inestabilidad emocional y a problemas de salud mental. Dejar de lado el estudio de lo que nos hace humanos, debilita nuestra capacidad para conectar con los demás (empatía), para cuestionar lo establecido (pensamiento crítico) y para encontrar nuestro lugar en el mundo. Al dar primacia a lo material y lo económico, en desmedro de lo subjetivo y espiritual, se pierde la brújula y se genera una crisis de sentido de la vida que ataca directamente la esencia del humanismo.
Desde la filosofía, el Canadiense Charles Taylor, aborda este tema y señala tres causas basales de este proceso: a) el individualismo extremo, que nos deja aislados y perdiendo el sentido de comunidad; b) la «razón instrumental», donde todo se reduce a la eficiencia y la utilidad inmediata, sin pensar en el propósito; y, c) la pérdida de libertad. Se puede decir que la “razón instrumental” es la contraparte, la antítesis o némesis del humanismo. Mientras que el humanismo valora al ser humano en toda su profundidad y potencial, el pensamiento instrumental tiende a verlo como un medio para obtener resultados económicos o instrumetales.
Alasdair MacIntyre, en su obra Tras la virtud (1981), argumenta que hemos perdido una comprensión compartida de la moral, lo que nos deja sin rumbo y límites definidos (landmarks), lo que nos lleva a debates sin salida. Llama a recuperar la dimensión más profunda del ser humano. Michael Sandel y Michael Walzer han explorado este tema desde diferentes perspectivas, señalando que la comunidad es fundamental para nuestra identidad y sentido moral. Martin Buber es un autor clave y señala que el ser humano se define especialmente la relación «Yo-Tú», que es de diálogo y respeto mutuo, frente a la relación «Yo-Ello», que es de uso instrumental. Emmanuel Levinas se enfoca más en la responsabilidad absoluta que tenemos por el otro, poniendo límites al deseo de control.
En este cuadro emergen las posturas del posthumanismo y el transhumanismo, apuestan a la transformación de la condición humana como respuesta radical a las tensiones entre la razón y la emoción, el materialismo y la espiritualidad, que el pensamiento instrumental ha exacerbado. El transhumanismo, con pensadores como Nick Bostrom, ve la biología como una limitación, buscando mejorar activamente la condición humana con tecnología para superar la vejez, la enfermedad, e incluso la muerte. El posthumanismo rompe con la centralidad de lo humano y critica el individualismo moderno, con figuras como Rosi Braidotti, es muy crítico con el humanismo tradicional y nos invita a pensar en nuestra relación con todo lo no humano, incluyendo la tecnología y la naturaleza. En esta crisis de bienestar hacemos votos para el equilibrio entre lo material y lo espiritual. Necesitamos integrar la innovación tecnológica con la innovación social, la ingeniería con las humanidades, esta tendencia es un cambio de paradigma en el enfoque universitario, especialmente en las ingenierías. ¡Que las humanidades equilibren la razón instrumental!




