SARGENTO 2º JAVIER EDUARDO FIGUEROA MANQUEMILLA (Q.E.P.D.)

Antofagasta, 21 marzo 2026.- 17:04 pm
Hay nombres que permanecen en el tiempo, que no se borran. Hay rostros que quedan grabados en nuestra memoria institucional, pero hay quienes prevalecen en el corazón de un país entero, que muchas veces en silencio, observa y valora el sacrificio de quienes vestimos nuestro verde uniforme, lo que nos da la tranquilidad que «…lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad»., y es así, porque se traduce en el «¡Presente!» que se grita cuando se nombra a un mártir. No es sólo una palabra; es la convicción de que mientras alguien recuerde su sacrificio y su nombre, ese Carabinero no ha muerto del todo.
Hoy, como Jefe de Zona de Carabineros de Antofagasta, tengo el deber de expresar con profundo pesar, tristeza y dolor, que Chile está de duelo. De norte a sur nuestra institución enfrenta la pérdida de nuestro Sargento 2º Javier Eduardo Figueroa Manquemilla (Q.E.P.D.), de dotación de la 1ª Comisaría de Puerto Varas, quien falleció tras luchar durante nueve días por su vida, luego de resultar gravemente herido mientras acudía a un procedimiento policial, cumpliendo con su deber de resguardar la seguridad de la comunidad.
A veces la ciudadanía olvida que los carabineros somos seres humanos y ciudadanos comunes y corrientes, y es momento preciso para recordar que Javier, fue hijo de doña Marlene y de don Jaime, como ven tenía papá y mamá, era esposo, y su compañera de vida era una funcionaria de nuestra institución, y además era padre de un hijo de tan solo 7 años, que sin duda ya lo echa mucho de menos, y eso, a quienes somos hijos, maridos y padres, se nos aprieta el alma, nos quedamos sin respiración y las lágrimas afloran rápidamente. Tenía tan solo 36 años y, en sus 15 años de servicio, destacó como un funcionario ejemplar, y no son sólo palabras para despedirlo bien, no, sus tres felicitaciones en la hoja de vida son el reflejo de su compromiso, profesionalismo y vocación.
Por eso, desde el norte y en representación de todos los Carabineros de la Zona de Antofagasta, de sus familias y de los habitantes de esta región, nos sumamos a las muestras de condolencias, acompañando con respeto, cercanía y profundo dolor a su familia, amigos y compañeros.
Su partida se suma a tantos otros mártires que lo antecedieron, que no son una cifra, son historias, familias, vidas entregadas en el cumplimiento del deber. Ellos salieron de sus hogares, se despidieron de sus seres queridos y no volvieron, dejando en espera ese reencuentro. Porque ser Carabinero implica asumir riesgos permanentes. Es un compromiso que sellamos desde el primer día, cuando juramos:
“Yo, juro por Dios y esta bandera servir fielmente los deberes de mi profesión, velar por el cumplimiento de las leyes de la República, guardar y defender la vida de todos sus habitantes, rindiendo la mía, si fuese necesario, en defensa del orden y de la Patria.”
Como institución, valoramos profundamente las múltiples muestras de apoyo recibidas. Pero también quiero ser claro, tal como lo ha señalado nuestro General Director, Marcelo Araya, no habrá descanso hasta encontrar a los responsables de este cobarde homicidio. “No vamos a cesar ni un momento”, porque quien atenta contra un carabinero, atenta contra el país y contra el alma de Chile.
Este hecho enluta a Carabineros de Chile y nos interpela como sociedad. Nos obliga a reflexionar sobre el valor de la labor policial, el respeto que merece y la necesidad de avanzar unidos hacia una mayor seguridad.
Hoy el dolor se siente en todos nuestros cuarteles a lo largo del país, y especialmente en quienes fueron sus compañeros de labores, quienes compartían con él día a día. Todos quienes somos parte de Carabineros conocemos ese dolor, esa rabia y ese vacío. Pero aun así, seguimos cumpliendo nuestro compromiso, porque sabemos que la mejor forma de honrar a un camarada es continuar sirviendo con vocación y entrega.
El dolor que sentimos no es sólo institucional, es un dolor de país. Porque cuando cae un Carabinero, no sólo perdemos a un funcionario, perdemos a un protector, a un servidor público, a un hombre que estuvo dispuesto a dar su vida por los demás.
Habrá tiempo para esclarecer los hechos. Pero hoy es momento de detenernos, de honrar su memoria y de no olvidar.
Porque detrás del uniforme hay personas. Y detrás de cada mártir, hay una historia que merece ser recordada con respeto, dignidad y gratitud.
«Es dulce y honorable morir por la patria», lo que hace que nuestro sacrificio no sea en vano, y que se convierte en un legado sagrado. Javier Figueroa, has caído en el cumplimento del deber, por eso no desaparecerás, sino que serás parte de los espíritus venerados, serás un «Héroe Eterno», serás ejemplo y guía, y tu nombre no morirá jamás.



