Colchagua lidera avance de la sustentabilidad vitivinícola en Chile con certificación que marca la pauta del sector
El estándar, adoptado por gran parte de la industria, redefine la forma de producir vino en el país y posiciona al Valle de Colchagua como un referente en prácticas ambientales, sociales y productivas, en medio de crecientes exigencias internacionales y los desafíos del cambio climático.

Colchagua, 26 marzo 2026.- 10:41
En el competitivo mercado global del vino, ya no basta con producir calidad: hoy, la forma en que se produce es tan relevante como el resultado final. En Chile, esta transformación ha tomado forma a través de la certificación del Código de Sustentabilidad del sector vitivinícola, un estándar que ha pasado de ser una iniciativa voluntaria a convertirse en un eje estratégico para la industria. Y si hay un territorio donde este cambio se expresa con fuerza, es el Valle de Colchagua, donde viñas han asumido un rol activo en la implementación y profundización de estas prácticas.
El Vino Chileno busca guiar a las viñas hacia una producción responsable en tres dimensiones: ambiental, social y productiva. Se trata de un sistema exigente que no solo evalúa prácticas, sino que instala una lógica de mejora continua.
Pero más allá del cumplimiento, la certificación se entiende como parte de su identidad productiva. “Para nosotros, certificarse significa mucho más que cumplir con un estándar: implica gestionar responsablemente los viñedos, procesos productivos y relación con la comunidad, bajo criterios ambientales, laborales y éticos”,
Este modelo no es menor: implica cumplir cientos de requisitos y someterse a auditorías periódicas, lo que garantiza que la certificación no sea solo declarativa. De hecho, según datos del sector, cerca del 80% del vino embotellado exportado por Chile proviene de viñas certificadas.
Colchagua: pionero y laboratorio de sustentabilidad
El Valle de Colchagua no solo ha adoptado estas prácticas, sino que ha sido protagonista en su desarrollo. “Ha sido significativo y, en muchos casos pionero dentro del sector, dado que en este valle se sentaron las bases para las primeras versiones del Código de Sustentabilidad”, señala Belén Ruz, coordinadora de sustentabilidad de Vinos de Chile.
Actualmente, 23 viñas del valle están certificadas, formando parte de un ecosistema donde la sustentabilidad dejó de ser una tendencia para convertirse en una base de gestión.
Desde el punto de vista sectorial, esta certificación también permite ordenar riesgos y mejorar la competitividad. “Permite a las viñas demostrar su desempeño en los tres ámbitos de la sostenibilidad con una herramienta validada y monitorear los potenciales riesgos en la cadena de producción”, agrega Belén Ruz.
Sustentabilidad en terreno: agua, energía y comunidad
En Colchagua, la sustentabilidad no se queda en el papel. Las viñas han debido adaptarse a un contexto marcado por el cambio climático, especialmente por la escasez hídrica. “El valle no ha quedado fuera. Se está trabajando en la gestión responsable del recurso hídrico junto con la reutilización de aguas grises para riego y el manejo responsable de residuos”, explica Alejandra Vinagre
Pero el enfoque va más allá del medioambiente. El Código también incorpora exigencias sociales que impactan directamente en trabajadores y comunidades. Incorpora condiciones laborales, salud y seguridad, capacitación y bienestar, además de promover el diálogo con comunidades locales y la contratación de proveedores de la zona. Así, la sustentabilidad se entiende como un concepto integral que atraviesa toda la operación, desde el viñedo hasta el territorio.
Pero pese a los avances, el sector enfrenta desafíos crecientes. El cambio climático, la necesidad de incorporar a pequeños productores y la presión por innovar son algunos de ellos. “El liderazgo implica enfrentar desafíos cada vez más complejos, como la falta de agua, el aumento de temperaturas y eventos climáticos extremos”, advierte Belén Ruz de Vinos de Chile.
A esto se suma un desafío interno: entender que la certificación no es un punto de llegada. “La sustentabilidad no es una meta que se alcanza con la certificación, sino un proceso continuo: el verdadero desafío es superar el estándar año a año. Refleja un compromiso real y no una obligación normativa. Cuando una viña decide certificarse, lo hace entendiendo que la sustentabilidad es parte del negocio”, sostiene Alejandra Vinagre.
En Colchagua, la sustentabilidad ya no es un discurso: es una práctica instalada. Y en viñas como Ravanal, este compromiso se traduce en una forma concreta de producir vino, donde el respeto por el entorno, las personas y el territorio es parte esencial de su identidad. Más que un sello, se trata de una narrativa: la de un vino que no solo expresa su origen, sino también la responsabilidad con que fue creado.



