CHILE: LA POLÍTICA, LO POLÍTICO Y LOS POLÍTICOS

Viernes, 22 mayo 2026.- 20:39 pm
Por Carlos Cantero, Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología
En el libro «Chile: Crónicas de un Fracaso Anunciado» (2022), realicé un análisis a la crisis de confianza y legitimidad que atraviesa el sistema político chileno. Este tema viene siendo eludido en el Congreso Nacional y el sistema de partidos políticos, desde comienzo del año 2000, cuando todos los indicadores, estudios y encuestas, comenzaron a mostrar la creciente evaluación negativa de la ciudadanía, respecto del quehacer de la política y del Congreso Nacional. Mientras el modelo de desarrollo chileno era exitoso y el país crecía económicamente, el malestar social se incrementó por la mala distribución del ingreso, la alta concentración económica y del poder. Pero, torpemente se eludió el tema. No hay una autocrítica. Nadie se hace cargo y continua la degradación política.
En el libro una de las piezas angulares del diagnóstico es la distinción conceptual entre: la política, lo político y los políticos, categorías utilizadas para explicar por qué el sistema chileno sufrió el estallido social y por qué la élite gobernante no fue capaz de anticiparlo: ni en el Ejecutivo, el Congreso, ni los Partidos Políticos. Tal desatención y negligencia gestional suma otros desaciertos, el Parlamento renunció a sus esenciales facultades constituyentes y nos llevó a sufrir dos (2) vergonzosos fracasos, el primero en una Convención Constitucional (2022), y luego, la segunda aventura, con una Comisión Experta y un Consejo Constitucional (2023), propuestas que fueron rechazadas en plebiscito, repudiadas por la ciudadanía, por la falta de unidad nacional. En ese Chile se normalizó la mediocridad política y el desprecio por la democracia. ¿Cuáles son las autocríticas? ¿De pronto la ciudadanía legitimó el origen de la constitución? ¿Dónde están los responsables?
En dicho análisis, la referencia a la política, apunta a la dimensión institucional y procedimental, el conjunto de leyes, normas, estructuras partidarias y la administración del Estado. En Chile la política se volvió tecnocrática y administrativa. En una gestión de indicadores económicos, una «política de mercado». La búsqueda del bien común se debilitó. Luego, con el advenimiento de la nueva generación, la que proclamaba la revolución democrática y su purismo ético, se desbordó el manoseo ideológico, la anomia valórica, la hipocresía política y el debilitamiento del sistema democrático. La mediocridad destruyó el sistema, detuvo el crecimiento de nuestra economía, endeudó el país y consolidó la corrupción.
Lo político: Es la categoría más vinculada a la gente y representa el espacio de los valores, la ética, las utopías y la construcción de un sentido de comunidad. Es la esencia de la convivencia humana, define el para qué vivimos juntos y hacia dónde vamos como sociedad. Es el ámbito de la filosofía política y la visión de largo plazo. En Chile «lo político» debilitó el sentido comunitario y la mística. El pensamiento crítico está secuestrado. Al vaciarse de contenido ético, el sistema quedó a merced del materialismo y el consumismo, dejando a la ciudadanía huérfana de relatos que den sentido a su identidad. Se trata del advenimiento de la política POP, plena de banalidad, farándula y superficialidad. En ese escenario se desplomó la probidad y desplegó un verdadero escándalo de corrupción, un asalto a los recursos públicos, con transversalidad social y política, afectando al ámbito privado y el público, a la izquierda y la derecha, a civiles y militares, lo que he denominado pandemética, pandemia de degradación de la probidad y la ética. En eso estamos aún. Mientras la ciudadanía da palos de ciego tratando de elegir en medio de la polarización política.
Los Políticos: las personas que ocupan cargos de poder, electos por la ciudadanía, viven una desconexión con la realidad, constituyendo una élite endogámica, como tribus urbanas que viven en una burbuja. Una compulsión por la farándula, una ceguera cognitiva que impidió (e impide) ver el malestar social que se gesta en la población. La ciudadanía no es ajena a esta situación, se queja y lamenta. Pero, vale la pregunta ¿Quién elige con su voto estas autoridades?
El acceso al poder no se basa en el mérito o la excelencia. Priman los lazos de lealtad a grupos de poder y económicos. Los políticos no representan el sentir de la gente, ni sus derechos sociales. Los indicadores de desarrollo humano no muestran avance. El bien común está secuestrado. Es evidente que los recursos públicos se dilapidaron. Ahora debemos pagar la farra. Los que generaron esta situación se alzan como seudo-salvadores.
El fracaso de la política, lo político y los políticos en Chile, no es solo económico y social, es fundamentalmente una crisis de liderazgo ético, que afecta estructuras fundamentales de la sociedad y la comunidad. Se impuso la idea que las personas valen por lo que tienen, por su capacidad de consumo, no por su dignidad y trascendencia. Otros gatillantes del proceso son la educación y el debilitamiento de la salud; servicios públicos mercantilizados y de mala calidad para los más pobres. Por otro lado, el precario reconocimiento a la familia como célula básica de la sociedad, choca con un prohibitivo acceso a la vivienda; la ciudadanía vive un remedo de seguridad ciudadana, flagelo del que ya nadie se escapa. Cada día se hace más evidente que, el crimen organizado y el narco crimen desbordan la capacidad de las autoridades, tomando amplios espacios de poder y territorios en Chile.
Muchos han advertido durante años sobre el distanciamiento entre la élite y la realidad, pero fueron marginados, cancelados o tildados de díscolos (lo viví en carne propia). La solución no pasa por leyes (la política), sino por recuperar el sentido ético y la visión de sociedad (lo político) y renovar profundamente las habilidades y conductas de quienes ejercen el poder (los políticos). Se debe frenar la influencia del dinero, la endogamia socio-política. Se deben promover valores democráticos y republicanos, mitigando la política POP. La Derecha y la Izquierda muestran ceguera cognitiva, nula voluntad autocrítica y un excesivo dogmatismo, que lleva a ignorar el sentimiento ciudadano. El centro político está ausente y debilitado. Muchos cierran los ojos a la realidad, pero, estamos amenazados por el populismo, la demagogia, y acecha el crimen organizado.
Unos promueven fuerza para imponerse frente a la otredad, otros creen en la necesidad de fraternidad y acuerdos. Es necesario tener presente que, en la sociedad digital no estamos ante un debate de ideas, sino ante una confrontación comunicacional, de entornos cognitivos, de manejo emocional (en esto el gobierno de Kast está en deuda). Chile necesita que la política de Derecha, Centro e Izquierda, sean complementarias y colaborativas. Una cosas son los matices políticos y otra es la obstrucción permanente. Elevemos el nivel de lo político, recuperemos el valor de la ética, el mérito, la experiencia, la excelencia y el sentido de comunidad. Pero, eso requiere otros liderazgos y otra ciudadanía, más activa y comprometida. Aún estamos a tiempo, trabajemos para eso. ¡Que así sea!




