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Buscan la pista genética de las formas graves del COVID

En su gran mayoría, las personas que fallecen de COVID son de la tercera edad. Y los que también son afectados con gravedad y son más jóvenes sufren de otros problemas como obesidad o diabetes.

París, 28 de noviembre de 2021.-

Son jóvenes, en buen estado de salud y sin embargo, mueren o deben ser hospitalizados a causa del COVID-19. Son los casos de predisposición genética, raros, pero que los expertos están estudiando intensamente.

«Como con toda otra enfermedad genética, no todo el mundo es igual ante el COVID», explica el inmunólogo francés Seiamak Bahram a la AFP.

En su gran mayoría, las personas que fallecen de COVID son de la tercera edad. Y los que también son afectados con gravedad y son más jóvenes sufren de otros problemas como obesidad o diabetes.

Pero los investigadores también examinan los que a priori no presentan ningún cuadro de riesgo.

Bajo la dirección del doctor Bahram, un grupo de investigadores identificó una serie de genes asociados a la aparición de formas graves del coronavirus.

Son pacientes jóvenes y sin problemas de salud.

El equipo acaba de publicar un estudio en el que apuntan al rol probable de un gen, ADAM9. Es una pista entre otras muchas.

«Las investigaciones han conseguido reunir a una velocidad impresionante una mina de información sobre el papel de los factores genéticos en el COVID-19» destacó en octubre otro estudio que resume los principales trabajos sobre el asunto, en la revista EBioMedicine.

Dos tipos de investigaciones

Las principales investigaciones son de dos tipos.

La primera categoría compara los genomas de miles de individuos, clasificados en varias categorías: enfermos graves, enfermos leves y personas sanas.

Un cruce aleatorio de los datos pone al descubierto elementos repetitivos entre las formas severas del COVID-19.

A finales de 2020 se descubrió por ejemplo que había enfermos graves de COVID-19 que presentaban una porción particular de ADN, en una región del cromosoma 3.

Esa porción de ADN aparece en particular en algunas poblaciones del sur de Asia, lo que explicaría las muertes más frecuentes por COVID-19 en esa región.

No hay fórmula mágica

Pero por el momento ese tipo de cruces de datos son demasiado vastos. No se ha logrado comprender por qué un gen preciso actúa sobre la enfermedad. Y además esos análisis solo detectan mutaciones genéticas que son muy habituales.

Ahí entra la segunda categoría de estudios. En lugar de arrancar de forma aleatoria, estos estudios escogen y arrancan a partir de una mutación genética en particular.

Esta pista dio uno de los resultados más importantes en la materia. Se trata del gen TLR7, cuyas mutaciones afectan la respuesta inmunitaria inicial a la infección.

«Escogimos genes cuya mutación sabíamos que causaban gripes severas, o enfermedades como las encefalitis virales», explicó a la AFP el genetista francés Laurent Abel, codirector de ese estudio publicado en agosto.

El descubrimiento es importante porque las mutaciones del TLR7 aparecen frecuentemente en los pacientes masculinos que cayeron gravemente enfermos por el coronavirus, en comparación con el resto de la población.

¿Pero qué interés concreto tiene todo esto en la lucha contra la enfermedad?

Es imposible identificar las personas con riesgo genético antes de que caigan enfermas.

«No se puede controlar a todo el mundo desde el punto de vista genético», destaca Abel. «No es posible ni razonable».

Estas investigaciones lo que permiten es «poner el acento sobre los circuitos y vías de respuesta inmunitaria que son realmente importantes», explicó el geneticista.

Se sabe que la mutación del gen TLR7 impide al organismo reaccionar adecuadamente ante ciertas proteínas, los interferones, que son cruciales en la respuesta inmunitaria.

Por ello el estudio sugiere a un tratamiento anti COVID a base de interferones, aunque los ensayos clínicos por ahora no han sido favorables.

En todo caso no hay que hacerse ilusiones sobre la existencia de un solo gen que predisponga al COVID-19.

«Sería muy fácil si hubiera un mecanismo que lo explique todo, eso no existe en medicina», concluye Bahram.

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