Minería

REFORZAR LA COORDINACIÓN Y PREVENCIÓN PARA PROTEGER LA VIDA

Lunes, 19 octubre 2026.-

Por: Jorge Astudillo Godoy

Seremi de Minería de la región de Antofagasta

Nuestra industria es fundamental para el crecimiento económico, el empleo y el desarrollo del país. Sin embargo, los 13 trabajadores fallecidos en accidentes mineros a nivel nacional durante 2026, cuatro de ellos en nuestra región, nos enfrentan a una realidad dolorosa que exige acciones concretas y un compromiso permanente.

Mi experiencia en la industria minera en labores vinculadas al terreno, el mantenimiento y las instalaciones, gatillan una convicción profunda, y que ninguna meta productiva, plazo operacional o resultado económico puede estar por sobre la vida de las personas. Cada accidente fatal representa una familia que enfrenta una pérdida irreparable y una comunidad laboral que pierde a uno de los suyos.

La seguridad no puede entenderse únicamente como una exigencia normativa, ni como una reacción posterior a una tragedia. Debe ser un principio que oriente cada decisión operacional, desde la planificación hasta la ejecución de una tarea. Para ello, necesitamos fortalecer una cultura preventiva basada en cuatro compromisos esenciales.

Primero, el autocuidado. La experiencia y la rutina nunca deben hacernos bajar la guardia. Identificar peligros, evaluar los riesgos y verificar las condiciones de trabajo antes de iniciar una tarea son acciones fundamentales para prevenir accidentes. La prevención comienza con la responsabilidad individual.

Segundo, cuidar al compañero. La seguridad es una responsabilidad colectiva. Advertir una condición peligrosa, corregir una conducta insegura o alertar oportunamente sobre un riesgo puede salvar una vida. En minería, proteger a quien trabaja a nuestro lado es una expresión concreta de compromiso y solidaridad.

Tercero, respetar rigurosamente los procedimientos de trabajo seguro. Los protocolos no son burocracia, son herramientas diseñadas para controlar riesgos y proteger la integridad de los trabajadores. Omitir una verificación, improvisar una maniobra o saltarse un paso para ganar tiempo puede tener consecuencias irreversibles. Ninguna desviación debe normalizarse.

Cuarto, detener cualquier trabajo inseguro. Debemos consolidar una cultura en la que cada trabajador pueda decir «yo paro por seguridad» cuando las condiciones no garanticen una ejecución segura. Esta decisión debe contar con el respaldo efectivo de las jefaturas y las empresas. Detener una tarea no es obstaculizar la producción; es ejercer responsabilidad y proteger la vida.

Como Gobierno, tenemos el deber de contribuir a que estos principios se traduzcan en resultados. Desde esta seremi fortaleceremos el trabajo coordinado con Sernageomin y todos actores del ecosistema minero. El objetivo es avanzar hacia una gobernanza preventiva que promueva el intercambio de buenas prácticas, el seguimiento de las brechas detectadas, el cumplimiento de la normativa y una mayor conciencia sobre los riesgos presentes en las faenas.

 

 

La fiscalización rigurosa y el cumplimiento de las obligaciones legales son indispensables, pero también lo son la capacitación, el liderazgo preventivo y la participación de los trabajadores.

Debemos considerar las distintas realidades de la industria, incluida la pequeña minería, fortaleciendo el acompañamiento técnico y las herramientas para prevenir accidentes. La seguridad requiere coordinación institucional, responsabilidades claras y acciones sostenidas en el tiempo.

Los resultados de accidentabilidad fatal de este año deben marcar un punto de inflexión. No basta con lamentar cada pérdida: debemos aprender, corregir y evitar que estas tragedias vuelvan a ocurrir. La verdadera cultura de seguridad se demuestra cuando una jefatura prioriza la integridad de su equipo, una empresa corrige una condición de riesgo y un trabajador puede detener una operación sin temor a represalias.

Mi llamado es a que estos cuatro compromisos estén presentes en cada charla de seguridad, en cada cambio de turno, en cada “reunión de inicio” y en cada faena, grande o pequeña. Porque el éxito de una jornada minera no se mide solamente por lo producido, sino también por la certeza de que cada trabajador regrese sano y salvo a su hogar.

 

 

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