FMI llega a Argentina para negociaciones de deuda con Fernández

Martes, 11 febrero 2020.-

El presidente argentino, Alberto Fernández, comparó la negociación de la deuda del país con un juego de póker. Esta semana tendrá que mostrar algunas de sus cartas al Fondo Monetario Internacional.

Los negociadores del FMI llegarán a Buenos Aires el miércoles para su primera misión desde que el presidente izquierdista asumió el cargo en diciembre. Antes de aceptar cualquier cambio en los términos de su actual acuerdo, querrán ver el plan de Fernández para hacer frente a más de US$320.000 millones en deuda total y para rescatar una economía que se prevé que se contraerá por tercer año consecutivo.

Las conversaciones con el FMI, al que Argentina debe US$44.000 millones, serán clave para una negociación aún mayor con los tenedores de bonos para evitar un incumplimiento. Si el FMI declara que la deuda del país es insostenible, como la ha calificado Fernández en reiteradas ocasiones, podría darle al presidente más poder para imponer mayores pérdidas de deuda a otros acreedores.

“Si habla con acreedores privados, muchos de ellos ven al FMI como su peor enemigo”, dijo Jimena Blanco, directora de investigación política para América Latina de la consultora Verisk Maplecroft, en Buenos Aires. “Al final, el FMI podría complicar una negociación para los tenedores de bonos al acordar que, en virtud de los términos actuales, Argentina no podría cumplir con sus compromisos de deuda”.

Más allá de miles de millones de dólares en deuda, hay mucho en juego para ambas partes.

Fernández prometió a los votantes que recuperaría una economía que se ve afectada por una inflación de 54% y un alto nivel de desempleo. El FMI, un eterno villano en Argentina después de más de 20 acuerdos de financiación desde 1958, espera recuperar cierto terreno de negociación con su mayor prestatario después de que el préstamo récord de US$56.000 millones aprobado en 2018 no ayudara mucho a mejorar la economía, o su reputación en el país.

No mostrar las cartas

Tras dos meses en el cargo, Fernández ha pospuesto cualquier anuncio de un plan económico inteligible y ha recurrido en su lugar a una serie de aumentos de impuestos, congelaciones de precios y alzas salariales para apaciguar a los votantes. Su única declaración importante sobre las negociaciones de la deuda fue que quiere finalizarlas antes del 31 de marzo, plazo que será difícil de cumplir.

“No es verdad que no tengamos un plan, no lo contamos porque estamos en plena negociación y contarlo sería mostrar las cartas”, dijo el presidente a principios de este mes en un evento en París. “Estamos jugando al póquer y no con chicos”.

Una carta que el gobierno sí mostró fue lo que le está pidiendo al FMI: “más tiempo” para pagar la amortización de capital de su último préstamo que vence entre 2021 y 2023, según el ministro de Economía argentino, Martín Guzmán. De lo contrario, el país tardará “demasiado” en realizar pagos de intereses a los acreedores privados, señaló.

Aunque Fernández criticó al FMI en la campaña electoral, diciendo que fue en parte responsable de la crisis de Argentina, las relaciones se han distendido desde que asumió el poder. Ambas partes han comenzado a hablar positivamente sobre el otro en el último tiempo y, solo la semana pasada, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, dijo que había tenido una reunión “muy productiva” con Guzmán en Roma.

No está claro cuánta tolerancia tendrá el FMI para algunas de las heterodoxas políticas vigentes en Argentina en estos días, incluidos los estrictos controles de capital y las tasas de interés reales negativas después de cinco recortes para estimular el crecimiento a pesar de los riesgos de inflación.

“La brecha entre la mentalidad del gobierno y el FMI no está tan lejos en términos de política fiscal, el principal problema es la política monetaria”, indicó Diego Pereira, economista de JPMorgan que cubre países sudamericanos.

Incluso si ambas partes llegan a un acuerdo, habrá que ver si el país convertirá su deuda con el FMI en una nueva versión del mismo acuerdo, conocido como acuerdo stand-by, o un programa a más largo plazo que requiere más reformas, conocido como programa de línea de crédito extendido.

El Ministerio de Economía de Argentina declinó hacer comentarios para este artículo, al igual que el FMI.