Britney Spears y una vida perfecta que esconde altibajos y traiciones

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Los Ángeles (EE.UU.), lunes 08 de abril, 2019

Una vez más, Britney Spears está en los titulares de diarios y portales alrededor del mundo por su salud mental. Quien fuera ungida como Princesa del Pop a finales de la década del 90 pasará un mes internada en un centro psiquiátrico de Los Ángeles. ¿Por qué le cuesta tanto conseguir paz interior a alguien con éxito global que también parece haber sido capaz de formar una familia perfecta? La vida de la cantante de “Oops!. I did it again” es una verdadera montaña rusa, con altos y bajos que dejan a la vista que los cuentos de hadas son siempre ficción y que las redes sociales sólo cuentan una parte de la historia.

Spears tenía sólo 10 años cuando pisó por primera vez un escenario. Fue en la competencia de talento Star Search, en 1992, en donde esta niña de voz nasal logró llamar la atención de todos, ganar el concurso y terminar en el Club de Mickey Mouse. En 1997, firmó un contrato con la discográfica Jive Records, con quien editó “…Baby one more time”, un tema que sedujo a los adolescentes y cuyo videoclip dejó con la boca abierta a sus padres.

Luego llegarían más y más éxitos tours exitosos y el romance perfecto, nada menos que con Justin Timberlake. Durante 3 años fueron la pareja perfecta hasta que el vínculo se disolvió en medio de rumores de infidelidad y una canción de despecho por parte del galán. Todos querían la vida de cuento de hadas de Spears, aunque ella misma advertía que en su interior su corazón lloraba, como la protagonista de su canción “Lucky” (“Ella es tan afortunada, es una estrella / Pero ella llora, llora y llora con su corazón solitario / Pensando que si no ha perdido nada en su vida, ¿por qué esas lágrimas aparecen por las noches?”).

El ascenso y la caída

Con una imagen más adulta pero también nuevas amistades y problemas, Spears sorprendió a todos al besar en la boca nada menos que a Madonna en 2003, en lo que pareció la entrega de la corona del trono del pop, de la Reina a la Princesa.

Pero su vida privada comenzó a girar demasiado rápido hasta tocar fondo en 2007, en la que se convirtió en una de las crisis de identidad y profesional más mediáticas de la historia. Las escenas de ella rapándose el pelo en Esther’s Hair Salon, una pequeña peluquería de un barrio de Los Ángeles, fueron captadas por las cámaras y reproducidas hasta el cansancio.

La atención sobre la intérprete era tan grande que se había convertido en una mina de oro para los medios y los paparazzi. “La economía multimillonaria de los nuevos medios descansa sobre los hombros caídos de Spears. Las agencias de fotógrafos estiman que ha abarcado hasta el veinte por ciento de su cobertura durante el año pasado”, describió la revista Rolling Stone en 2008.

De golpe, el mismo sistema que le había dado fama y reconocimiento global le daba la espalda y sacaba provecho de ella. Spears sólo tenía 25 años, estaba encarando el divorcio de Kevin Federline, un bailarín que disfrutaba de la atención pública que le daba ser la pareja de una superestrella, y luchaba en Tribunales por la custodia de sus dos hijos pequeños, una pelea que terminaría perdiendo.

“Me dijo que quería raparse el cabello porque estaba cansada de que todo el mundo se lo tocara. Yo, por supuesto, traté de disuadirla pero fue en vano. Le dije que quizá estaba atravesando un momento hormonal o algo así y que lo pensara dos veces”, recordó la estilista que la atendió en ese momento. Pero sus ruegos fueron en vano y Spears tomó ella misma una rasuradora y comenzó raparse.

Al día siguiente se internó en la clínica de rehabilitación Promises, especializada en alcohol y drogas, pero se retiró por su voluntad 24 horas más tarde para dirigirse a la casa de su exmarido, donde estaban sus hijos. Pero no pudo hacerlo y descargó su furia contra el auto de un paparazzi que la seguía ayudada por un paraguas que tenía en la mano; a las pocas horas, esa foto también recorrería el mundo.

“Estoy triste y perdida””Estoy sobrepasada y en shock después de entender todo el esfuerzo y energía que había puesto en una relación sentimental que terminó y que me dejó vacía, sin saber qué hacer. Estoy triste y perdida”, escribió en una carta pública que apareció en su sitio web sin autorización de su equipo de prensa, quien rápidamente la eliminó.

Lo cierto es que la estrella sufrió, y aún sufre, la estigmatización de aquellos que tienen trastornos psiquiátricos, que comúnmente son minimizados o reducidos a inconvenientes que se superan con fuerza de voluntad o ganas. “Me mudé de mi casa muy chica y estuve, desde niña, bajo intenso escrutinio. Si mi peinado se movía, por ejemplo, me ponía nerviosa porque sabía que me iban a retar. Eso me volvió ansiosa e insegura”, reconocería la misma Spears años más tarde.

Su infierno personal llegaría a los escenarios cuando se presentó en los premios VMA’s 2007 de MTV. En el mismo escenario en el que seis años antes había cautivado a todos con una presentación icónica bailando con una boa pitón, se la vio perdida y sin carisma. Esta presentación en vivo se volvió el punto más bajo de su carrera profesional. Semanas más tarde anunciaría su noviazgo con su manager y lanzaría el disco Blackout, uno de los mejores de su carrera pero también uno de los más oscuros.

En 2008 comenzó una lenta recuperación que fue acompañada por nueva música y nuevos desafíos. Fue también un tiempo en el que la industria cambió y las plataformas de streaming pusieron patas para arriba el negocio. Con nuevas competidoras que habían crecido escuchándola, como Lady Gaga, Miley Cyrus o Katy Perry, Spears entendió que si quería seguir haciendo dinero ya no bastaban las canciones, sino que era necesario salir a los escenarios.

Así, se lanzó el Femme Fatal Tour, que la trajo a la Argentina en 2011, pero cada vez se le hizo más difícil compatibilizar una vida alrededor del mundo con su faceta de madre. Así que en 2013 decidió tomar una “residencia” en Las Vegas, una fórmula que creó Celine Dion hace más de una década y que permite que sean los espectadores los que viajen a ver al artista y no al revés.

La fragilidad de una estrellaBritney: Piece of Me fue un show que puso en contexto la importancia y el legado de Spears y que pareció darle estabilidad a su vida: durante esos años en su cuenta de Instagram se la pudo ver feliz en su rol de madre y con una vida más asentada.

Esa exitosa fórmula debía repetirse este año, con una nueva residencia titulada Domination. Sin embargo, en enero, la misma Britney se vio obligada a cancelar todos los planes tras la internación de su padre, Jamie, por problemas en el colon.

Y a pesar de que nada indicaba que había problemas en su vida aparente perfecta, hace días se anunció su internación en una clínica psiquiátrica. “El stress ha sido muchísimo para ella, han sido días muy difíciles”, fue todo lo que dijo su entorno, mientras que en los foros de fans se habla de una supuesta traición familiar por la que le habrían quitado mucho dinero y que fue el detonante.

De colegiala de mirada inocente y uniforme sexy a madre treintañera mostrando a sus hijos en Instagram, la vida de Spears seguramente será el centro de una gran biopic en el futuro -de hecho, ya hubo versiones para TV- mientras los que crecieron al sonido de sus canciones comprueban, con tristeza, que no existen vidas perfectas.