Votación del Brexit: El Parlamento británico rechaza otra vez el acuerdo de May por gran mayoría

A falta de 17 días para la fecha marcada de salida de la UE, la primera ministra ha sido derrotada por 149 votos de diferencia: 391 votos en contra y 242 a favor.

theresa

Londres, miércoles 11 de marzo, 2019

No hubo milagro de última hora. Theresa May vio cómo el Parlamento británico volvía a enterrar, quizá ya para siempre, su acuerdo de Brexit a pesar de las últimas concesiones hechas por Bruselas. Fueron insuficientes para los críticos, del DUP y de su partido, que volvieron a dar la espalda a la primera ministra y que hicieron que la Cámara de los Comunes hundiese el «remodelado» pacto por 391 votos en contra y 242 a favor: 149 votos de diferencia en otra abultadísima derrota de la «premier», que vive de nuevo sus horas más bajas.

Visiblemente cansada, afónica y abatida tras este nuevo varapalo, May admitía la decisión del Parlamento y aseguraba que cumplirá con su palabra y hoy «dará libertad de voto» a los diputados de su partido en la votación que tendrá lugar en la Cámara de los Comunes para decidir si Reino Unido sale sin acuerdo de la UE. «Esta será la postura del Gobierno si es aprobada por el Parlamento», dijo May.

Pero si esto es rechazado también, explicaba la primera ministra en su breve exposición tras el escrutinio, entonces el jueves el Gobierno dará la oportunidad a los diputados de pedir una extensión del artículo 50 del Tratado de Lisboa y retrasar el Brexit más allá del 29 de marzo.

Sin plan ordenado

Parece imposible, pero a 16 días de la fecha de salida, Reino Unido no tiene ningún plan para salir ordenadamente de la UE. Con esta diferencia, no tendría sentido que May volviese al Parlamento a intentarlo por una tercera vez. El precipicio se acerca y no hay ninguna respuesta concreta a qué pasará en las menos de tres semanas que el país tiene por delante para decidir.

Todo a pesar de que el día parecía comenzar bien para May, a la que se veía confiada por haber dado un golpe de mano con su estrategia del lunes por la noche, donde arrancó un compromiso a la Unión Europea y diversos documentos que ella consideraba «cambios legales» en lo referido al principal escollo de todo el proceso, la «salvaguarda» de la frontera irlandesa. Hasta los más euroescépticos de su partido y los miembros del DUP, su socio de gobierno, parecían subirse al barco de la primera ministra, pero entonces un documento lo cambió todo.

El análisis legal del fiscal general del estado, Geoffrey Cox, rompía los esquemas de la primera ministra y dinamitaba el acuerdo al asegurar que las concesiones de Bruselas no cambiaban casi nada y que el «riesgo legal» de que Reino Unido quedase atrapado en la unión aduanera europea no «había cambiado». Cox trató de suavizarlo en su declaración posterior en la Cámara de los Comunes, donde insistió en que las garantías aportadas por la UE «reducen el riesgo» y son «aclaraciones útiles, amplían las obligaciones existentes y hay algunas obligaciones nuevas». Sin embargo, el semblante de los más críticos con este acuerdo volvió a cambiar y minutos antes de que May tomase la palabra los 10 diputados del DUP y miembros del sector más euroescéptico «tory» ya habían anunciado su intención de echar abajo el pacto.

Fue el momento en que la libra se desplomó en la particular montaña rusa que vivió ayer. Ni la atronadora voz de Cox resonando en el Parlamento consiguió cambiar nada más allá de unos cuantos votos conservadores que se unieron a última hora al plan de May.

Las amenazas de la «premier», con la voz rota y resquebrajada, de que el Brexit podría no ocurrir nunca si no sacaba adelante su propuesta, no asustaron a aquellos que tenían que cambiar el signo de su voto. «Tendrían que ver como ha quedado la voz de Juncker» bromeaba la «premier» a pesar de conocer ya de antemano que tenía pocas posibilidades para sacar adelante su acuerdo. De hecho, su marido Philip no perdía detalle del estado de su mujer, algo que no anticipaba nada bueno ya que este siempre acude al Parlamento en los momentos más complicados para May.

Su fiscal general le había dado la puntilla final a un plan que ya había sido maltratado y enterrado en enero por una diferencia abismal, 230 votos, en lo que supuso la mayor derrota de un Gobierno en el Parlamento británico.

Cox avisó de que iría de frente. «Mi reputación personal es más importante para mí que mi reputación como político» aseguró antes de sentarse en los comunes, y con su análisis legal asestó un mazazo definitivo a la «premier», que necesitaba vender esas garantías como cambios significativos a pesar de no haber conseguido reabrir el texto de retirada de la UE.

En su informe final, el fiscal diagnosticó que, a pesar de haberse creado en esa «póliza de seguro» firmada el lunes, un «instrumento interpretativo» o un mecanismo de arbitraje, Reino Unido no tendría la garantía de poder renunciar unilateralmente a la salvaguarda irlandesa en el caso de que fuera activada a no ser que desde la UE se actuara de mala fe.

Ninguno de las tres garantías que consiguió May de Estrasburgo valieron para nada y quedaron enterradas por Cox. Desde ese momento los mentideros de Westminster ya apuntaban a que la «premier» iba a ser de nuevo derrotada y algunos de sus correligionarios ya apuntaron a unas elecciones generales en las que un nuevo líder acometiese la tarea de sacar a Reino Unido de la UE. Sin embargo, ninguno de los que puso esta teoría sobre la mesa, varios diputados «tories» euroescépticos y miembros de la oposición, supieron explicar qué hacer con el Brexit antes de que esto ocurriese porque ya no hay tiempo material para llevar cerrar el proceso antes del 29 de marzo. Desde Downing Street negaron en todo momento estar preparados para este escenario.

Fue el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, el que pidió esos comicios adelantados, aunque sin mencionar en ningún momento la petición de segundo referéndum que su partido iba a apoyar como había dicho hace dos semanas.

May se tendrá que enfrentar ahora al compromiso que hizo hace varias semanas en el que, básicamente, dejó la decisión de los siguientes pasos a tomar al Parlamento británico. Se pone en manos de sus diputados, que serán los que decidan si Reino Unido cae por el precipicio del próximo 29 de marzo o deciden alargar la agonía de la primera ministra un poco más. Por supuesto, necesitarían la aprobación de los 27 países comunitarios, que no está del todo asegurado, porque este retraso sería, según la propia May «corto y limitado» para no tener que participar en las elecciones europeas del próximo 26 de mayo.