“La esposa”: La nueva película de Glenn Close

El tan esperado Oscar para Glenn Close y Jonathan Pryce estaría bien justificado”

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Hoy en día es raro ver una película de ascendencia europea en cartelera. Es el caso de esta coproducción que incluye participación británica, norteamericana y sueca. Aunque por la naturaleza de la ficción, el escenario del drama, y la nacionalidad de Björn Runge, el director detrás de cámaras, “La esposa” es un filme muy sueco. De hecho, el título evoca de forma directa esos temas familiares y conyugales de quien sin dudas sigue siendo el cineasta más universal del país de August Strindberg y Selma Lagerlöf: Ingmar Bergman.

La película inicia con una secuencia magnífica: el escritor judío-norteamericano Joe Castleman (Jonathan Pryce) ensaya los prolegómenos de una travesura sexual en la habitación conyugal con Joan (Glenn Close), su mujer, quien se ríe de su esposo y sin dudas prefiere dormir. Dos caracteres contrastados, aunque cómplices en la ironía y el sarcasmo. Luego suena el teléfono y es un representante de la Academia Sueca, quien le anuncia a Joe que ha ganado el Premio Nobel de Literatura.
Muchas cosas recuerdan a Bergman, lo haya querido o no la guionista Jane Anderson –quien a su vez adapta la novela homónima de Meg Wolitzer–. El anuncio del premio trae consigo un primer estallido de euforia. De hecho, es también memorable la escena en la que Castleman lleva a su esposa, como un niño, a dar de brincos en la cama por la alegría de haber recibido el galardón. Sin embargo, esta felicidad inicial da paso a recriminaciones veladas, culpas del pasado, rivalidades subrepticias y secretos vergonzosos.

Todo el filme también desliza otras líneas argumentales que dan aún más interés a la complicada relación del matrimonio Castleman. Por ejemplo, la presencia del hijo (Max Irons) sin talento, obsesionado con lograr la aprobación de su padre, inclemente a la hora de juzgar los primeros escarceos literarios de su vástago. La incursión molesta de un periodista (Christian Slater), quien persigue a los Castleman para redactar una biografía, es otro disparador de esos recuerdos que la pareja preferiría olvidar.

Mediante diálogos, chistes de doble sentido y amonestaciones llenas de humor negro, el filme se convierte en un meticuloso vaivén de discusiones y reconciliaciones. Él es extrovertido, irresponsable y divertido, mientras ella es tímida, dura, parca, aunque no menos irónica y socarrona. La tragicomedia se teje, entonces, con dos grandes actores que van desgranando a sus personajes hasta el punto de desnudar su intimidad más recóndita, esa donde se esconde un pacto algo endeble, que no para de sangrar.

El director Björn Runge ha sabido dosificar este duelo de titanes con viajes al pasado –donde descubrimos que Joan fue alumna y amante de Joe–, y con el peligro siempre latente de que ambos personajes caigan, a pesar de su avanzada edad, en la tan bergmaniana tentación de la infidelidad o el adulterio. Pero también está presente otra característica del filme, más propia de un thriller: el suspenso que genera una revelación que, poco a poco, va saliendo a la superficie con claridad desconcertante y aterradora.

“La esposa” es deudora de Bergman, y tampoco lo oculta. Pero sin llegar a las alturas del maestro de “Persona”, es una cinta contundente, que confía en el estudio del carácter cobarde, doloroso, pero también tierno y conmovedor de los Castleman. Runge ha buscado una luz dulce y cálida que, como en “Fanny y Alexander”, baña los cuadros familiares con una pátina nostálgica. Y ese recubrimiento onírico es atravesado por movimientos de ataque y defensa que Close y Pryce se dirigen el uno al otro, como dos animales en celo, viejos y heridos. El tan esperado Óscar para los dos actores estaría bien justificado.